Un Desarrollo Verdaderamente Humano



Por: Juan Luis Denegri M. - Estudiante de Derecho - PUCP



En el mundo de hoy los cambios van y vienen con mayor velocidad, existe una sobre abundancia de información, paralelamente, vemos sociedades sin rumbo, la ruptura de la familia y una felicidad esquiva a pesar del avance material. El Siglo XXI es el siglo de los grandes avances, pero frente al crecimiento de “la riqueza mundial en términos absolutos, aumentan las desigualdades y nacen nuevas pobrezas”. En ese contexto, la sociedad se encuentra frente a un dilema transcendental que determinara el rumbo del vertiginoso progreso y la calidad del mismo. ¿Cual es el tipo de desarrollo que necesitamos?

Ante las interrogantes y los múltiples tropiezos del desarrollo hay una formula, que Benedicto XVI nos recuerda en su ultima Encíclica Caritas in Veritate, la persona como centro de todo progreso humano. De eso se trata el desarrollo y no de mejores edificios o computadoras más pequeñas. No son los objetos que nos rodean y su cantidad, lo que marcara la calidad del desarrollo, sino una formación considerada del ser humano, que no busque engañarse con las banalidades. Como lo afirma el Papa en su encíclica, “cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin ultimo corre riesgo de destruir riqueza y crear pobreza”. Nuestra sociedad ha dado muestras del error, la crisis financiera fue el ejemplo donde la exaltación del beneficio individual, la búsqueda de crecimiento material cegó al mundo de los negocios causando la perdida de miles de hogares.

Fueron los países más cautelosos que no se lanzaron en la vorágine de la compra y venta, los que lograron proteger el valor real de la propiedad de sus familias. Una real consideración del trabajo como esfuerzo colectivo de los individuos que se plasma en la propiedad y es el sostén de la familia, es imprescindible para un desarrollo ordenado y veraz. Para lograr ese desarrollo real, el Papa va a inspirar el avance social en la caridad, que “va mas allá de la justicia, porque amar es dar, ofrecer de lo ‘mío’ al otro; pero nunca carece de justicia, la cual lleva a dar al otro lo que es ‘suyo’, lo que le corresponde en virtud de su ser y de su obrar”.

En ese sentido, el desarrollo no una mera enumeración de derechos que logramos “conquistar”. Como lo dice Benedicto XVI, “la «ciudad del hombre» no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión.” Son estas relaciones que emanan de la caridad entre los hombres. Por eso, el bien individual se sostiene en la relación con “el vivir social de las personas: el bien común”.

En ese orden de ideas, el desarrollo humano integral, no es solo un fin, sino un medio y una obligación individual y colectiva. Es el trabajo por ese bien común, al que toda persona esta llamada “según su vocación y sus posibilidades de incidir en la polis”. Ese compromiso por el bien común inspirado en la caridad, lleva consigo mayor valor que la mera relación secular, es esa caridad real, basada en la verdad, que apartada de la mera sensibilidad puede lograr edificar una justicia común en el progreso de la familia humana.

Publicado poraccionuniversitaria en 20:03  

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